Invisible como el aire

Tengo el recuerdo, de niña, de un pequeño gorrioncillo que cayó de un nido. Era suave, inquieto, indefenso. Era como un trozo de guata abombada, sin apenas más hueso que el pico con el que intentaba defenderse, bravo él, de las garras humanas, grandes dedos que servían de cubilete protector a la pequeña cría.

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