Flores blancas, blanca primavera

Un estornudo es prueba inequívoca de que llega la primavera. Suele aparecer despistada, entre vientos, nubes y abejas, y poco a poco se va asentando en nuestras vidas. El campo revive sus colores verdes. Los árboles se llenan de hojas de un esmeralda intenso y los frutales, en particular, se tiñen el pelo dispuestos a polinizarse.

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Corrales de Navalosa (Ávila)

Granito, ramas, piornal. Al fin y al cabo, estos son los elementos básicos que se encuentran en cualquiera de los antiguos corrales que pueblan las inmediaciones de Navalosa, en las estribaciones del Gredos más abulense. Dice la tradición que tienen origen celta, lo mismo que se sugiere de sus populares cucurrumachos, que se exhiben orgullosos en los carnavales. La forma constructiva, tan medida y práctica, sugiere que estos espacios tenían la finalidad de perdurar en el tiempo, en los siglos.

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Molino de Alberto (Villafranca de la Sierra, Ávila)

El molino del tío Alberto, como se le conoce más allá de Villafranca de la Sierra, es un bello rincón del abulense Valle del Corneja, río que baña La Ribera, anejo en cuyos límites se encuentra esta hermosa construcción. Rodeado de la más variada vegetación, este enclave es el lugar perfecto para contemplar el paso de las estaciones, ya que agradece la floración en primavera, propicia frescor en verano, despliega sus colores en el caduco otoño y lo adorna la nieve en invierno.

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Mercado Medieval de Ávila 2009

Imagínate por un momento que en Ávila, un día cualquiera, una gran corriente de aire empezara a voltear la muralla y sus gentes con mucha fuerza. Tras el vendaval, una gran calma. La gente se mira, observa a su alrededor y, al principio, no se reconoce, pero, a pesar de todo, cada cosa está en su sitio. Salvo con una pequeña diferencia: están en otra época. Se han trasladado en el tiempo como si la ciudad amurallada hubiera devuelto de sus entrañas la historia más intrínseca de la ciudad.

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Lanzarote (island)

La verdad es que impresiona. Si te paras a pensar de dónde sale cada matiz cromático de los montes volcánicos de Timanfaya, en Lanzarote, la cabeza empeiza a dar mil vueltas y terminas… absorta. Es la segunda vez que viajo a esta pequeña isla canaria. La vida tras el fuego. Tras el cristal del autobús, que vocea la historia isleña, el desierto de cenizas. El calor moderado entre la lava seca.

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Visita en silencio

Hoy voy a hablar de Peñalba de Santiago. O mejor dicho, de San Genadio, un ermitaño que habitó estos lares y por el que, seguramente, darían el nombre al río, que, a su vez, nomina al Valle del Silencio.

El silencio es la palabra que mejor define esta pequeña población leonesa. La separan apenas 20 kilómetros de Ponferrada aunque, recorriéndolos, me doy cuenta de lo distintas que son las mismas medidas dependiendo a dónde vayas.

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Entre Salamanca y Ávila

Hace poco tuve que ir a Salamanca. Fui por trabajo y por turismo, porque yo siempre aprovecho estas cosas. Estuve de día, vi anochecer y luego volví a Ávila, con una sonrisa en los labios y con la satisfacción de haber conseguido mi primer viaje soleado de todo el invierno.

La verdad es que siempre he tenido un buen concepto de Salamanca como ciudad. La veo próspera, llena de iniciativas, viva y en crecimiento. Y, a pesar de todo, sigue contemplando la impronta del tiempo en sus calles, en sus monumentos, en su hermosa plaza. Su catedral me volvió a dejar impresionada. Conocí un bello rincón, el jardín de Calixto y Melibea que, a pesar del invierno, dejaba entrever una bonita primavera. Desde allí anocheció ese día para el resto del mundo.

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