Matices y sutilezas

No es lo mismo un gato con botas que un minino con patitas blancas...

No es lo mismo un gato con botas que un minino con patitas blancas…

No es lo mismo ser un gato cazador, que intentes cazar, y no lo consigas... Azrael...

No es lo mismo ser un gato cazador, que intentes cazar, y no lo consigas… Azrael…

La diferencia entre cortarte y cortante es sólo una letra. Y, sin embargo, entre una erre y una te, cambia el matiz. Pero no sólo en las palabras encontramos esas sutilezas que a veces nos superan, como si nos midiéramos con Fernando Alonso en el GP de Mónaco. Y aquí el matiz sería, simplemente, ir delante o detrás del renombrado piloto.

Matices, sí. Ahí están. Amargándonos la vida y amagándonos la muerte… porque nunca se sabe dónde nos espera la negra sombra…

Sutilezas varias. Como tomar de la mano a tu hijo y mirarle con cariño. O encariñarse de tenerle agarrado de la mano y olvidar soltarlo después de años…

Porque las sutilezas mayores, ésas que atraviesan palabras como traviesas  trabas tirantes, son las que se observan desde el interior, desde aquel sexto sentido al que apenas hacemos caso porque… “Bah, qué más da… No tiene importancia…”. Y después de un tiempo de matices que se van quedando pegados a la alfombra, se forma una bola de pelo enorme que te mira a los ojos y te dice: Espabila. Hazte caso de una vez, ¡¡¡abre los ojos!!!! Pero me refiero a otros ojos: los del corazón.

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