Gilda y la época dorada de Hollywood

Johnny Farrell nunca pensó que volvería a encontrarse con ella. O tal vez sí. Tal vez lo supiera desde entonces, desde siempre, que ambos estaban condenados a reencontrarse. Gilda es una de esas películas de entonces, desde siempre, que ambos estaban condenados a reencontrarse. Y ella volvió. Gilda, con su pelo rojo y su impertinencia neoyorquina, inundó Buenos Aires y conquistó a todos.

Aquella época en que Hollywood era algo más que una meca cinematográfica. Directores como Charles Vidor (Adiós a las armas,Gilda, Los amores de Carmen),  George Cukor (Mujercitas, David Copperfield, My fair lady), Orson Welles  o Howard Hawks (Río Bravo, La fiera de mi niña, Hatari) , por citar sólo algunos de esos grandes genios, hicieron soñar a medio mundo con cintas protagonizadas por bellas actrices y hombres interesantes, muchos de ellos grandes artistas que dieron forma a esa etapa dorada del cine  y al esplendor de las principales cinematográficas (Paramount, Metro Goldwing Mayer, Twentieth Century Fox).

Y volvamos ya no con Gilda, sino con Rita Hayworth. Profundizando en su biografía descubrí que sus padres eran bailarines. En concreto, Margarita Carmen Cansino Hayworth era hija de un español, de Castillejo de la Sierra (Sevilla) y de una medio italiana y medio irlandesa. Rita sabía bailar. Lo repite constantemente en esta película, y, de hecho, le reconocen su buen hacer durante la misma. Sin embargo, las dos canciones de su repertorio (Amado mío y la mítica Put the blame on Mame), están en playback -vamos, que ella no cantaba-.

Desde pequeñita, en aquella época en la que Terenci Moix hablaba de cine en el diario ABC, en aquella serie de artículos titulados “Mis inmortales del cine”, me encantaba mirar las fotos de las grandes actrices, imitar sus peinados y sus poses, y soñar con que esos galanes de Hollywood, tipo Cary Grant, James Stewart, Clark Gable, Frank Sinatra o el mismísimo Glenn Ford, me sonreían con aire entre duro y pícaro, a través de la tele, o de la revista. De hecho, ahora entiendo por qué la muñeca Nancy que yo tenía era pelirroja. ¡Ahora lo entiendo! La Hayworth, junto con Audrey Hepburn y Katharine Hepburn, son mis actrices preferidas -y no las únicas-, por su carisma, su fortaleza, su delicadeza y su elegancia. Otro día ya hablaré de “ellos”; especialmente de Archibald, quiero decir, de Cary Grant.

Detrás de aquellas grandes pantallas todavía en blanco y negro de la década de 1940, las historias personales de directores y actores eran pasto de las revistas del corazón de la época, muchas veces igual de tortuosas que en la actualidad, pero siempre de jugosa actualidad. Para los que entonces no habíamos nacido y miramos atrás desde el punto de vista del melómano cinematográfico, llama la atención el siempre cruel paso del tiempo. Pero eso nunca ha importado cuando el arte verdadero perdura y sobrevive a sus propios creadores.

FICHA TÉCNICA (Fuente: Filmafinity)

TÍTULO ORIGINAL Gilda
AÑO 1946
DURACIÓN

110 min.

PAÍS

DIRECTOR Charles Vidor
GUIÓN Marion Parsonnet (Historia: E.A. Ellington)
MÚSICA Hugo Friedhofer
FOTOGRAFÍA Rudolph Maté (B&W)
REPARTO Rita HayworthGlenn FordGeorge MacReadyJoseph CalleiaSteven GerayRosa Rey,Joseph SawyerGerald MohrMark RobertsLudwig DonathDonald DouglasLionel Royce,Saul Martell
PRODUCTORA Columbia Pictures Corporation
GÉNERO DramaCine negroRomanceThriller
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