Molino de Alberto (Villafranca de la Sierra, Ávila)

El molino del tío Alberto, como se le conoce más allá de Villafranca de la Sierra, es un bello rincón del abulense Valle del Corneja, río que baña La Ribera, anejo en cuyos límites se encuentra esta hermosa construcción. Rodeado de la más variada vegetación, este enclave es el lugar perfecto para contemplar el paso de las estaciones, ya que agradece la floración en primavera, propicia frescor en verano, despliega sus colores en el caduco otoño y lo adorna la nieve en invierno.
De hecho, quizá sea uno de los espacios más fotografiados de aquellos que se sumergen en esta comarca, más dibujados por cientos de artistas y más recordados por los turistas. Y es que la estampa de ver el agua caer hacia el río, que mueve con fuerza la tolva, es difícil de olvidar.
Antes de morir Alberto Jiménez Montenegro, el último molinero, éste no dudaba en mostrar al visitante su interior, explicar toda su maquinaria e incluso ponerlo en marcha pese a que, desde hace décadas, el molino perdió su verdadera utilidad. Y es que tener un anfitrión de lujo era el valor añadido de esta joya del patrimonio etnográfico de la zona.
Orígenes inciertos
Nos agarramos a los recuerdos más antiguos para no perder nuestras raíces, que a veces resultan ser como una riada –por ejemplo aquella tan terrible del 1 de septiembre de 1999, en el río Corneja- que arrastra a su paso hasta las más duras piedras.
Cuentan algunos vecinos que en la ribera del Corneja llegaron a existir hasta 21 molinos –según parece, en el catastro del Marqués de la Ensenada (1749), aparecían catalogados 20 molinos y dos batanes-, cada uno con su clientela y conocido, cómo no, por sus últimos dueños o familias. Estaban los del tío Pepe, de Moreta, de los Mordiques, del tío Andrés, de Tarines, del tío Eugenio, de la tía Encarna, de los Tejos, de Benita, de la tía Pauleta o del tío Minero, por recordar sólo algunos de los que aún quedan en la memoria de los vecinos de estos pueblos.
El caso es que se dice que este tipo de construcción se originó hace unos 250 ó 300 años, aunque Alberto siempre aseguraba que ya existían en tiempos de los Reyes Católicos. En la actualidad, prácticamente todo el patrimonio industrial hidráulico de la ribera del Corneja está en ruinas, excepto el del tío Alberto, y la mayoría fueron derribados por la fuerza del agua del río durante la riada de 1999.
Fue el progreso, la proliferación de fábricas de harina a partir de los años 60, lo que acabó con la utilidad casi artesanal de los molinos hidráulicos no sólo de esta zona, sino de gran parte de la geografía española. Pero eso ya es harina de otro costal.
DATOS PRÁCTICOS
Desde Ávila, el visitante tiene que dirigirse, por la N-110, dirección Plasencia. En el kilómetro 50 aproximadamente, deberán desviarse, hacia la izquierda, por la AV-P-507, hacia Villafranca de la Sierra y Navacepedilla de Corneja. Hay que atravesar la primera de las localidades. Una vez que se sale del pueblo, la izquierda, se divisa la casa-estudio de Benjamín Palencia, ahora convertida en casa rural, y el desvío a La Ribera. Seguimos por la misma carretera, dirección Navacepedilla, hasta que, de nuevo a la izquierda, se divisa el molino, junto al río Corneja.

Extracto del reportaje publicado en la revista Ávila Digital, en marzo de 2009.

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