Mientras dormías…

Ha sido pura casualidad. Hoy he estrenado el DVD que me trajeron los Reyes, como una sorpresa concebida en un pequeño trozo de papel, y me decidí a ver una peli "robada" del cajón de alguien de mi familia. Todo hay que decirlo: en mi familia somos un montón, cada cual con su orden y sus órdenes, y siempre ha sido algo usual encontrar películas de vídeo o DVD fuera de sus carcasas. Y encontrar sorpresas dentro de otras…

El caso es que hoy he estrenado mi nuevo DVD, en lugar de con las aventuras de mi amado Harrison Ford en ‘Seis días y siete noches’, con la rubita Anne Heche, como rezaba la carcasa, pues con otro más joven -he puesto los cuernos a Harrison Ford, Dios miooo-: Bill Pullman, con su carita melancólica que me recuerda -es- al papá de Casper (1995), antes de convertirse momentáneamente en fantasma… Y la rubita, sustituida por Sandra Bullock -mil veces mejor, que me darán la razón muchos hombres, y que a mí me encanta como actriz- también con sus aires de mosquita muerta y sonrisa encantadora. Estos cambios de películas, por sorpresa y a traición, sólo pueden pasar en casa de mis padres… y me alegro.

A grandes rasgos, la peli trata de una taquillera del metro, Lucy (Sandra Bullock) que se enamora perdidamente de uno de sus pasajeros habituales, del cual no sabe ni el nombre –en realidad se llama Peter (Peter Gallagher)-. El caso es que el día de Navidad –digamos de Acción de Gracias- le socorre cuando, en el metro, unos delincuentes le roban y le empujan a la vía del tren: le salva la vida.

En el hospital, una enfermera oye a Lucy hablando sola, cuando no dejan que pase a verlo, diciendo: “es el hombre con el que me iba a casar”. Y ahí empieza el embrollo: le dice a todo el mundo que está prometida, incluida la familia del pobre Peter. Y entonces conoce a Jack – Bill Pullman en realidad, hermano de Peter en la peli-. Y ahí empieza la historia de amor.

He de reconocer que re-visionando la cinta se me cayeron algunas lagrimitas. Seguro que a ti también, si la hubieras visto en el sofá de mi casa, como yo estaba, solita, envuelta en una manta roja con tréboles de cuatro hojas y muy calentita, mientras fuera, en las calles del centro de la ciudad, amenazaba con nevar.

Aparte de ser una bonita historia de amor –un pastel, que dirían los críticos de cine- me ha llamado la atención la manera que todos tenemos de pensar lo que queremos pensar, oír lo que no se dice y escuchar lo que jamás se ha pronunciado. Y de ahí viene el embrollo, claro. Y cuántas veces se nos asoman pensamientos furtivos que atrapamos en una palabra que a veces no es la correcta…

Y en cuanto al romance… Qué difícil es encontrar el amor y qué fácil es enamorarse. Cuántas veces los malos entendidos dejan pasar el vagón del amor y, en otras, la casualidad -o destino, depende de lo que tú pienses; o Dios…- nos pone en el camino a la persona que menos esperamos. Fíjate: hay una película que se llama precisamente así: ‘Cuando menos te lo esperas’ (Nancy Meyers, 2003). Y ésta, en cierto modo, viene a decir también lo mismo. La última frase de Lucy, que coincide con el final de la peli, dice más o menos así: "Una vez me preguntó Peter cuándo supe que me había enamorado de Jack, y yo le contesté: ‘mientras dormías’".

http://www.youtube.com/watch?v=h1arRcUUOXU&fea- ture=related

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